El Día de la Tierra adquiere una profundidad única, pues no hablamos simplemente de “ecología”, sino de fraternidad universal. Para San Francisco de Asís, la creación no era un recurso a explotar, sino una extensión de la familia divina.
La Creación: El Altar de la Fraternidad Franciscana
Para la espiritualidad franciscana, la Tierra no es un objeto de estudio o una despensa de recursos; es el espejo de la bondad de Dios. San Francisco de Asís introdujo una revolución espiritual al llamar “hermano” al sol y “hermana” a la luna, rompiendo la jerarquía de dominación y sustituyéndola por una de parentesco.
- La Tierra como “Hermana y Madre”
En el Cántico de las Criaturas, Francisco escribe: “Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta y gobierna”. Esta visión nos enseña que cuidar el planeta es, en esencia, un acto de amor familiar. No protegemos la naturaleza por miedo al desastre, sino por respeto a nuestra propia sangre vital.
- La Ecología de la Minoridad
El concepto franciscano de “minoridad” nos invita a hacernos pequeños, a no sentirnos dueños ni señores de la creación. En este Día de la Tierra, la espiritualidad franciscana nos pide:
- Despojo: Vivir con lo necesario para no asfixiar la vida de los demás seres.
- Reconciliación: Sanar nuestra relación con el entorno, pidiendo perdón por la huella de destrucción que dejamos.
- Contemplación: Aprender a ver la huella del Creador en cada brizna de hierba y en cada criatura, por pequeña que sea.
- La “Casa Común”
Inspirado por este legado, el concepto moderno de la Ecología Integral nos recuerda que todo está conectado. El grito de la tierra es el mismo grito de los pobres. No hay una crisis ambiental separada de la social; cuidar el agua, el aire y el suelo es también cuidar al hermano que sufre.
“Alabado seas, mi Señor, por todas tus criaturas…”
Este 22 de abril, la invitación franciscana es a pasar de ser “consumidores de la tierra” a ser “hermanos de la creación”, reconociendo que cada criatura tiene un valor intrínseco que no depende de su utilidad para el ser humano, sino de su simple existencia ante Dios.
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Recordamos las palabras del Papa Francisco, quien nos ha instado a reflexionar sobre el estado de nuestro planeta y la urgente necesidad de cuidarlo. En Laudato Si’, el Papa nos dice: “La tierra es nuestra hermana, y no es un recurso ilimitado; es un regalo que debemos proteger y valorar”
